Cuando un usuario plantea a un programador un problema que
resolver mediante su ordenador, por lo general ese usuario tendrá conocimientos
más o menos amplios sobre el dominio del problema, pero no es habitual que
tenga conocimientos de informática. Por ejemplo, un contable que necesita un
programa para llevar la contabilidad de una empresa será un experto en
contabilidad (dominio del problema), pero no tiene por qué ser experto en
programación.
Del mismo modo, el informático que va a resolver un
determinado problema puede ser un experto programador, pero en principio no
tiene por qué conocer el dominio del problema; siguiendo el ejemplo anterior,
el informático que hace un programa no tiene por qué ser un experto en
contabilidad.







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